¿QUIÉN ERA MIGUEL ENRÍQUEZ?

Eugenio María de Hostos. Luis Muñoz Rivera. Ramón Emeterio Betances. Todo puertorriqueño, mal que bien, conoce algo o ha oído hablar de estas y otras grandes figuras patrias, aunque sea por transitar por alguna avenida o carretera que lleve su nombre. Pero, ¿y Miguel Enríquez? ¿Es algún cantante? ¿Por qué dedicarle una columna?

Hace ya más de diez años, el doctor Ángel López Cantos, profesor de la Universidad de Sevilla y especialista en la Historia de América, publicó un libro en torno a este fascinante personaje, quien nació en el San Juan de Puerto Rico de 1674, muriendo allí mismo en 1743. Conforme al profesor López Cantos, Miguel Enríquez es “el hombre más importante que dio Puerto Rico en el período hispánico, sin ningún género de dudas”. ¿Exageración? Examinemos someramente parte de la prueba que aporta el profesor López Cantos.

La madre de Miguel Enríquez, Graciana, fue una ex-esclava. Su padre, cuya identidad no se conoció con precisión, era un hombre blanco vinculado a los altos estamentos de la sociedad sanjuanera de la época. Dada su condición de mulato, Miguel Enríquez pasó sus años de juventud como un zapatero, un ciudadano más, sin importancia, en el Puerto Rico colonial de la época. No obstante, y aparte de su inteligencia natural, contó con una ventaja invaluable para esa época: aprendió a leer y a escribir. Una coyuntura histórica, que él supo aprovechar gracias a las conexiones que cultivó en el gobierno colonial español y a su talento innato, le abrieron las puertas a la grandeza.

La España de la época de Miguel Enríquez era ya una nación en plena decadencia. El poderío español en el Caribe se encontraba en proceso de erosión, ante su incapacidad para impedir que otras potencias europeas, tales como Inglaterra, Francia y Holanda, se apoderasen de las Antillas menores e incluso de otras más grandes, como Jamaica y Trinidad. El asedio de los enemigos de España contra las restantes colonias hispánicas en el Caribe, Cuba, Santo Domingo y Puerto Rico, obligó al gobierno español a depender de los llamados corsarios o guardacostas, que no eran otra cosa que ciudadanos privados que ponían sus embarcaciones al servicio de la Corona, prestando vigilancia y apresando buques enemigos en las aguas caribeñas, para luego repartirse las ganancias con el gobierno. Miguel Enríquez fue uso de esos que se hicieron corsarios. Sigue leyendo

SOL DE JAYUYA

El Sol de Jayuya es el petroglifo más conocido de Puerto Rico. Se encuentra en el mural indígena de Zama. El señor Walter Murray Chiesa lo bautizó con ese nombre. En realidad no tiene la apariencia de un sol, pero ya su nombre está muy difundido en el mundo entero y se seguirá llamando Sol de Jayuya. No se sabe lo que representa para el indio este petroglifo, todo lo que digamos es pura interpretación.

SUN OF JAYUYA

Petroglyph from Barrio Zamas, Jayuya.

Tomado de: Huellas de un mundo perdido.

HUPÍA

Los indios tainos tenían una creencia de que la existencia no terminaba con el fin de la vida terrenal. AreytoEstaban convencidos de que el espíritu de los difuntos seguía con ellos en la tierra. Tenían un gran terror de que éstos se le aparecieran en noche. Al espíritu del muerto llamaban hupía. Algunos muertos se les presentaban durante la noche a las indias con el propósito de convivir con ellas. La diferencia ente un vivo y un espíritu era que el segundo no tenía ombligo.

Había otros espíritus llamados Maboyas o Mabuyas que se divertían asustando o azorando a los vivos.

 

Tomado de: Huellas de un mundo perdido